viernes, 17 de febrero de 2017

Jóvenes, incertidumbre y perspectivas.



Tomado de Nueva Gaceta
http://nuevagaceta.co/inicio/jovenes-incertidumbre-y-perspectivas

Por: Mauricio Vargas González
Mucho se habla hoy en día sobre la necesidad de estudiar, sobre la importancia de tener un buen trabajo, sobre granjearse una buena posición en esta sociedad para vivir con menos necesidades y menos urgencias. Es casi un dogma religioso, o mejor, todo un sistema informático, la nueva ética del Nuevo Orden Mundial. La competencia neoliberal y el mercado. En esas tres palabras podemos reducir hoy el Zeitgeist o espíritu de los tiempos. Seguir al pié de la letra el recorrido establecido, para aquellos privilegiados que pueden estudiar de niños y para quienes pueden costearse la Universidad, resulta objetivamente provechoso para asegurar mínimas condiciones de seguridad laboral y capacidad de consumo acorde con los estándares posmodernos.

¿Pero donde quedan los afectos, el sentir? Al viajar a un pueblo de la Colombia profunda, uno puede palpar en el ambiente las vibraciones de dimensiones paralelas: ritmos y tiempos lentos, amabilidad, afabilidad, tranquilidad, solidaridad, y sobre todo, esa sensación de que no existe otra obligación en el mundo y en la vida salvo obrar con rectitud, amar y gozar a todo momento. Por respeto a la historia, debo decir también que estos paraísos terrenales, estos pueblitos del cielo, fueron durante mucho tiempo, las víctimas predilectas de la maquinaria de guerra genocida de este país: paras, guerrilla, grupos armados, etc. Y si miramos más atrás, ¡ni se diga!


Por eso es criminal e insano proponer o insinuar siquiera que se modifiquen o se desconozcan los avances de la Paz en nuestro país, todo lo contrario, necesitamos implementar cuanto antes esos acuerdos. La Paz no puede tener reversa en Colombia.


Hay también un ambiente distinto en la juventud, en los años 60s y 70s se respiraba el ímpetu de un nuevo sujeto político en nacimiento. Jóvenes desde las calles de París del 68 hasta los estudiantes universitarios caleños, antioqueños y bogotanos que se tomaron por asalto el Poder en la Universidad. A pesar de la radicalidad de la revolución cultural de Paris, no hubo un alcance y una conquista de Poder fáctico como si la hubo en Colombia en 1971. El Cogobierno fue la conquista de una revolución en el campo de las ideas allí donde es su sitio más predilecto: el campus universitario. El hecho de que los estudiantes tomen el control de la educación en diferentes universidades públicas es ya una ruptura –verdadera y auténtica- en el orden y la estructura del poder dominante.

Si hablamos en términos de las épicas batallas humanas por su emancipación como la Gran Marcha en China o la Batalla de Ayacucho, la revolución al interior del alma mater fue la gesta juvenil del siglo XX en Colombia. Una revolución a pequeña escala y bien podría ser también, una versión más refinada, más certeza y más política del Mayo francés…

La Séptima papeleta es una feliz anécdota comprada con esta gesta de los estudiantes colombianos donde le arrancaron de tajo un gajo del poder al Estado, y donde se conmocionó la élite bipartidista ante la solidaridad que despertó en obreros y demás sectores sociales.

Hoy los jóvenes son menos militantes y menos ambiciosos en términos históricos, o tal vez, menos idealistas y más pragmáticos. Hay una nueva ola de jóvenes estudiosos, profesionales, capacitados y cualificados que incursionan en la política sin mecenazgo alguno, se lanzan a la palestra con sus sueños y convicciones sin palidecer ante las lidias y las consabidas marrullas de la politiquería colombiana, otros terminan sucumbiendo y sirven como actualizadores de las viejas tradiciones manzanillas, liberales y clientelares. Pero lo más importante, son estos jóvenes los que están construyendo nuevos escenarios, iniciativas y liderazgos políticos.

Hoy los jóvenes prefieren la independencia a la disciplina y prefieren los colectivos de acción inmediata a los partidos de proyecciones generacionales, prefieren la Paz y el Posconflicto a otro siglo más de guerra, sangre y Álvaro Uribe.

Hoy los jóvenes están sobresaliendo en la recolección de firmas para Revocar a Peñalosa, y también en la recolección de firmas contra los corruptos –Referendo y Consulta Popular- en Antioquia ya van 10 mil firmas recogidas, en Bogotá van aproximadamente unas 50.000 firmas.
Para los jóvenes políticos y activistas, es fundamental no solo tener un partido político y una línea política. El ADN de todo discurso, de toda organización y de toda acción debe cimentarse, si se quiere manejar la cosa –pública, social o comunitaria- con objetividad, responsabilidad y coherencia, en un programa, una ideología y en unos fundamentos teóricos.
Mi invitación a los jóvenes es renovar el impulso intelectual por investigar las diferentes propuestas políticas actuales, los intereses que representan, la coherencia en su aplicación práctica y su contraste con otras ideas o programas.
La universidad va a ser la próxima gran plaza de la democracia colombiana, no solo esta tendrá una participación directa y clave en lo que debemos considerar como la contradicción principal, como lo principal hoy en el país: la paz y su implementación a 10 años. Sino que son sus estudiantes y futuros profesionales quienes deben jalonar los cambios políticos y culturales que requiere el país para dejar atrás la dependencia, el subdesarrollo y la ignominia y para adentrarnos definitiva e irreversiblemente en el siglo XXI.

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