sábado, 14 de enero de 2017

Razón, mito y deseo. Adquirir la lógica –dialéctica- y liberar el placer.





Por: Mauricio Vargas González.


Cuando el mono empezó a transformarse en hombre  mediante el trabajo -La transformación de la materia para satisfacer sus necesidades- empezó este a representarse el mundo. Símbolos y toda clase de hallazgos arqueológicos nos permiten observar como pensaba el hombre en  los albores de nuestra especie: seres fantásticos, magia, relatos imposibles.
El hombre se identificaba con su entorno, con los fenómenos naturales y en general con el universo, se atribuía almas de animales,  de árboles, le asignaba a las cosas la propiedad del sujeto –consciencia, pensamiento, voluntad-. Los procesos naturales como el crecimiento de las plantas eran representados mediante dioses con personalidad y finalidad propia. Era un mundo donde no teníamos el control, los Dioses lo eran todo…

Cuando el hombre declaró en  la Edad Clásica que el Ser es, marcó un hito dentro de la
aventura del pensamiento humano. Lo fundamental es que el hombre por primera vez supo separar la idea del objeto antes confundidas en el tótem. Esta invención de la lógica –aristotélica- mediante el uso de silogismos, juicios, afirmaciones y negaciones y el descubrimiento del ‘ser absoluto’ platónico constituyen nada menos que la fundación de la razón.