miércoles, 14 de diciembre de 2016

Globalización, Paz y jóvenes.





Por: Mauricio Vargas.

En el contexto de la globalización neoliberal, donde todo se vuelve un negocio:  derechos como la salud y la educación y donde se privatizan empresas públicas para enriquecer fortunas privadas, es fundamental el papel que debe jugar la sociedad civil, los ciudadanos y en especial los jóvenes, para la construcción de democracia y la defensa del patrimonio público y de las instituciones y los derechos.

En cualquier ámbito pueden leerse los efectos de la economía de mercado: Hospitales públicos y universidades desfinanciados sistemáticamente, venta de empresas estratégicas del país - como Isagen- , reformas tributarias regresivas –como la actual-, la precarización laboral, la primarización de la economía – “la locomotora minera”- etc.
Hablamos en un contexto internacional, de una élite del 1% de la población mundial que está acaparando la riqueza de todo el mundo y que mediante las entidades financieras y
políticas fiscales, han logrado someter a los gobiernos y derribar la soberanía de los países.


En el marco de la lucha de la ciudadanía por sus derechos y en su resistencia al modelo foráneo, se conquistó la alcaldía de Gustavo Petro en Bogotá. Las sanciones que le impusieron a este se enmarcan dentro de esta confrontación fundamental entre los intereses de la ciudadanía y de capitales nacionales y foráneos.  Petro introdujo un nuevo esquema de aseo con el fin de fortalecer la participación de las empresas públicas en la garantización de este servicio, así como darle cumplimiento a sentencia de la Corte Constitucional e incluir a los recicladores en la prestación de este servicio. Así mismo, bajó las tarifas de Transmilenio para garantizar el acceso a este servicio por parte de la población más vulnerable. En ambos casos, jueces al servicio de los negocios y de los privados, lo sancionaron por ser políticas que van en contra de la lógica de negocios del neoliberalismo. Aducen que violó el principio de libre competencia y que produjo detrimento patrimonial. Argumentos amañados que tienden a desconocer que estas políticas garantizaron la prestación  de un servicio y atendieron el  principio del interés general.


No es sin embargo la única contradicción política en la que debemos meditar…  vivimos una coyuntura histórica en nuestro país, la posibilidad de lograr la Paz, y de que el grupo guerrillero más grande, más viejo y el que mayores dificultades ha causado, entreguen las armas y se pueda civilizar la contienda política. Toda vez que para que exista democracia, todos tenemos que participar en pie de igualdad en la discusión de ideas,  es decir sin armas ni métodos violentos que brinden ventajas a una parte sobre la otra de manera injusta.
El otro aspecto fundamental de este proceso de Paz son las reformas y las posibilidades de ampliar y mejorar la democracia.  Esto implica necesariamente la participación y el empoderamiento de la ciudadanía más activa, la que se encuentra organizada en partidos, colectivos, grupos, redes, etc.

La Paz expresa de fondo una contradicción que se ha venido agudizando progresivamente entre la élite capitalina y la élite rural en torno a la manera de resolver el conflicto armado y en cuanto a la concepción opuesta que manejan ambas clases sociales en cuanto al manejo de lo público: Estado de Derecho vs Estado de Opinión. Democracia formal vs autoritarismo populista. También juega un papel clave el tema de las tierras, toda vez que estas élites rurales son grandes poseedoras de tierras, muchas de ellas despojadas violentamente a campesinos.
Es pues el momento histórico para nosotros los jóvenes de empezar a construir democracia desde abajo, de organizarnos y darle expresión a las distintas reivindicaciones ciudadanas que requieren de una guía y de una estructura que les permita lograr mayor incidencia en la cosa pública.

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